Es domingo. Corre la hora número
catorce contando desde las doce de la noche. Hace 23 grados en Lanús,
la ciudad donde viví en mis 16 años de vida. Suena la banda de rock
uruguayo que escucho desde chiquita, con una melodía triste, de esas
que te suelen poner la piel de gallina. Estoy sola, en mi pieza.
Siento el olor a pollo al horno que está cocinando mi mamá, y risas
que me suenan a alguna anéctoda que le contó mi papá. También
escucho una chicharra, hace calor. Es domingo, estoy sola, en mi
pieza. Y me gustaría ser fotógrafa porque en este momento entra una
luz desde la ventana teñida de violeta, por el color de mis
cortinas, y pega justo en mi guitarra criolla. Y con una buena cámara
podría sacar una buena foto, que quizás demuestre a otras personas
lo que significa para mi mi guitarra y el rayo de sol que entra en mi
pieza y que la alumbra por completo. Y quizás, cuando pase el tiempo
y vea aquella foto, me acuerde que era domingo, a las dos de la
tarde, que hacía calor y que estaba sola.
Creo yo, bah, lo pienso así desde
chiquita, que el domingo es el día más especial de la semana. Un
domingo del mes x podes estar almorzando el tan común estofado con
toda tu familia. Otro domingo de quizás otro mes, estás comiendo
puchero con tu mamá y tu papá. Y otro domingo, el día 9 del mes 3
del año 2014 quizás estes sola, escribiendo que es domingo y estás
sola. Pero me gusta estar sola y que sea domingo. Probablemente más
tarde cuando el sol no pegue tanto salga a acostarme y sumergirme en
el color verde del velódromo de Lanús, camine las 8 cuadras que lo
separan de mi casa con la guitarra en mis hombros, mi mate, y alguna
amiga.
Se suele clasificar al domingo como el
día mas aburrido de la semana, y por ende, el más triste. Pero les
voy a contar un secreto. Hoy, sí, domingo, es el día más feliz de
la semana, para mi. Sé que la semana empieza los domingos, pero no,
todos sabemos que para la persona que estudia o trabaja la semana
empieza el lunes. Entonces, partiendo de esa base, es el día más
feliz de mi semana, que empezó el lunes pasado. Será que le tengo
aprecio al pobre domingo, porque odio estar sola, pero hoy no. Me
gusta. Me gusta escuchar música y escribir. Sin que los pensamientos
de otras personas me molesten ni me aturdan, sin la necesidad de
depender de otros para estar bien. Me siento plena y feliz conmigo
misma.
Tengo miles de problemas, quizás no de
gran tamaño, pero que para mi reprensentan mi estado sentimental. Y
hoy no me molestan, no me persiguen, no me dicen “Florencia, hace
algo, lo estás arruinando todo”. Hoy estoy tranquila, hoy estoy
bien.
Soy una persona independiente, me lo
dicen todo el tiempo. Me manejo con total libertad. Viendolo desde
ese sentido, sí, soy la persona más libre del mundo. Pero
metiendome más en el asunto... dependo de toda persona a la que
quiera. No lo puedo evitar, dependo de mi estado con otras personas.
Me lastima mucho sentirme lastimada. Y mi felicidad depende de la
gente que me rodea. No puedo estar bien conmigo misma si estoy mal
con mis amigos, mi novio, o mi familia. No puedo, no lo conseguí
nunca. Pero hoy, domingo, lo logré. No sé que fue, no sé que fue
lo que me ayudó. Pero estoy bien, muy bien.
Es un día común y corriente, me
desperté, desayuné, como todos los días. Lo que menos me imaginé
cuando abrí los ojos a las 10.30 de la mañana era que iba a lograr
lo que estuve buscando hace meses. Así, de la nada, como quien no
quiere la cosa. No lo esperaba ni lo planeé. Salió así, así de
bien.
Todo llega. Y a mi me llegó un
domingo, ese día que muchos odian por transmitir ese no se qué
triste, que lo hace ver todo aburrido y sin sentido, y te hace odiar
los domingos, todos los domingos... que prejuiciosos, ¿no?.
FJP
FJP
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